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todo comenzó con eso del fiado
supongo que ese fue el gran error
si es que cabe asignar a algo o a alguien
la responsabilidad del asunto
cuando uno pone un negocio
no sabe si le va a ir bien
y ante esa inseguridad
uno comienza a ceder
ante la pretención
del cliente
entonces lo que comienza siendo
unos pocos cigarrillos
se termina convirtiendo
en una engorrosa suma
anotada en los márgenes
de las carpetas
donde abundan datos
nombres o apodos
con la más diversa cantidad
de detalles del orden de
paga el 5 de enero
o debe tres envases
sin contar claro, números de teléfono
-varias veces apócrifos-
o la más diversa cantidad de objetos inútiles
dejados a modo de seña
la mayoría de las veces
la gente regresa con el dinero
pero también suele suceder
que otras veces no lo hace
y al tratarse de un barrio
es realmente pintoresco
cruzarse con un deudor
que de la noche a la mañana
ya no te conoce
cierta tarde un boliviano
dejó como garantía
un enano de jardín
a cambio de dos Termidores blancos
y una gaseosa económica
la casa se encuentra datrás del kiosco
ese día yo me había realizado
unos análisis de salud
me habían sacado sangre
y estaba algo descompuesto
por el pavor que me causan las agujas
cuando llegué a la casa estaba pálido
fuí directo a la cama
y recién ahí, una vez acostado
divisé a la miniatura
parada a un lado del sillón
desde el living oscuro
la casa no tiene ningún patio
tampoco jardín y sin embargo
la primera reacción no fue
preguntarme -como supongo
cualquiera hubiera hecho-
qué hacía ese enano
en el living de la casa
su mirada me produjo incomodidad
antes que extrañeza
me dirigí hacia él:
era un sencillo y típico enano de jardín
estaba bastante despintado
y descascarado sobre todo
en la parte del gorro y la barba
tenía en la base ciertas marcas de barro
al alzarlo advertí
que no pesaba más que un perro mediano
no soy bueno para calcular años
pero estaba seguro
que ese duende por lo menos
tenía cincuenta
aproveché para preguntar su origen
y ahí supe del boliviano
de los vinos
y del fiádo
nada nuevo considerando
nuestra costumbre comercial
sin embargo había algo
que me inquietaba profundamente
sin tener bien claro porqué
buscaba evitar su mirada
algunos dicen que Dios mira
a travez de los ojos de los animales
mi sensación era que lo hacía
a travez de los de ese enano
no podía evitar sentirme desnudo frente a él
los pobres artificios que puede tener
un chico de diecisiete años
(esa era mi edad) se derrumbaron
como castillo de naipes
esa noche no pude dormir
o debería decir
desde esa noche
ya no pude dormir
me la pasé dondo vueltas en el colchón
muchos pensamientos se me presentaban
a un solo tiempo
y todos parecían reveladores
ideas como la eternidad, la muerte
y la transformación me ebullecían
del cerebro
lo más inquietante era no mantener
un hilo de pensamiento claro
empezaba recordando un acontecimiento
que me ocurrió a los diez años
y terminaba hilando esas ideas
con los atentados a las torres gemelas
la línea de asociaciones era inconexa
pero directa y rozaba la genialidad
en ráfagas de pocos segundos
resolví los grandes misterios de la época
grandes asesinatos, misteriosas desapariciones
se me develaban con una claridad urgente
aún las pequeñas intrigas que desvelaban
a mi corazón adolescente se iluminaron
como por la luz del día
a partir de unas palabras
aparentemente triviales
que había mencionado cierta mañana
deduje la infidelidad de mi novia
con el repartidor de diarios
la mañana posterior
no me pude levantar
mi familia lo adjudicó
a la descompostura hospitalaria
no pude comer nada
no tenía hambre y sólo tenía deseos
de tomar té
y seguir con los pensamientos
sin sufrirlos, sin gozarlos
circulaba por una autopista
de información y cada pensamiento
daba lugar a otro
más complejo, más sutíl
e indeciblemente mas profundo
no quiero aburrir detallando
las penurias que a partir de ese día
se desataron en mi entorno
psicólogos psiquiátras, hasta curanderos
fueron contratados para tratar el supuesto mal
al que yo sin embargo no tomaba como tal
experimentaba un sentimiento
cercano a la compasión por los llantos de mi madre
y la mirada extrañada de mi padre y mi hermano
pero no mucho más
la cabeza me iba tan rápido que apenas tenía tiempo
para hablar y cuando lo hacía
pedía con voz impersonal
un té de menta o de manzanilla
lo más llamativo era que con esta dieta de infusiones
no sólo no enflaquecí
sinó que engordé considerablemente
pero como contraparte
mi cuerpo se fue achicando con velocidad:
en tres meses pasé de medir un metro ochenta
a noventa centímetros y a los seis
ya medía tan solo treinta centímetros
la barba me creció tupída y potente
los últimos días ya ni siquiera tomaba el té
extrememente dolida pero sin perder
su amor maternal
mi madre me confeccionó ropitas adecuadas
con mi nuevo talle corporal
un precioso jardinero
y una remera manga larga color rojo
en cierta fiesta navideña
un borracho quizo hacer una broma
y me colocó al lado del enano
desde ese momento el lugar se convirtió
en mi espacio
al mes siguiente regresó al kiosco
el boliviano para cancelar su deuda
y la confusión quiso identificarme con su garantía
esa es la historia de como llegué
al jardín botánico
la otra tarde ví
a mi novia paseándose
ya no con el repartidor de diarios
sino con alguien que
al principio no pude identificar claramente
pero que a juzgar por su mirada penetrante
yo creo conoce bastante de mi situación
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