domingo, julio 19, 2009



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Allí donde cualquier otro
no escucharía más
que un mero y sencillo ladrido
la naturaleza me ha dado
la extraña habilidad
de comprender
los variados matices
y los ricos significados
de ese lenguaje

antaño me jacté
de mi profundo descreimiento
de las reglas y mandatos morales
y mas aún, iba por la vida
rompiendo convenciones
generando escándalos
y aprovechando cada oportunidad
que se me presentaba
para quebrar alguna costumbre

todo esto cambió una noche
después de escuchar
los ardorosos llamados de una
perra en celo
¡dios mío qué descripciones!
¡qué promesas!
y sobre todo ¡qué imaginación!
aún me sonroja el sólo hecho
de recordarlo

ni mi condicíon de segundo dan
ni mi pasado como barra brava de un club
me impiden acobardarme hasta los tuétanos
cada vez que escucho
los insultos y agravios
que se dispensan los machos en una pelea
aun el de los más pequeños
deberías oír la cantidad de sinónimos
que tienen para la palabra sangre

pero cuando no son presas
de estos impulsos ocurre lo peor
se entregan al chismorreo más agobiante
y frívolo del que nadie puede hacerse idea
un cambio de correa es motivo
de charla para dos días
cierta vez la aparición
de un nuevo ejemplar en la cuadra
desencadenó tal aluvión
de conjeturas y especulaciones
que me llevó a un estado
verdaderamente narcótico
del cual sólo me pude recuperar
con tres días de cama
y una vigorosa dieta
a base de verduras

a veces medito sobre la utilidad
que este don -por así llamarle- me confiere
¿debo usarlo en provecho propio?
¿o en provecho de la ciencia?
¿o en el de los perros?
¿es correcto revelar al mundo
esta particular situación?
pero de todos modos
¿quién me creería?
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Esto no es una elegía, ni es un romance ni un verso