miércoles, junio 10, 2009




Sabido es que en la Paternal
queda el club donde Maradona
hizo las inferiores
y más tarde debutó
en primera división

en una reciente iniciativa
de la sociedad de fomento
del barrio
se impulsó una recolección
de firmas
para eregir en el cruce
de dos grandes avenidas
un monumento
al gran capitán
de la selección argentina

en mi calidad de kiosquero
(y de fanático incondicional
del Diez) he aceptado con entusiasmo
colaborar en la causa
y si bien
no me llevé, lo que se dice
una gran sorpresa
dado que con anterioridad
ya percibí ligeramente esta situación
lo que sigue no dejó de asombrarme:

no seré yo
quien determine
la verdad o falsedad
de tales afirmaciones
pero aquí
por dar un número
dos de cada cinco mayores
de cuarenta y cinco años aseguran

desde haber compartido algún asado
presentado una chica
o jugado un picadito
en el parque del club

hasta haber iniciado
al Diego en las delicias
de la noche porteña

otros tantos al parecer
lo acompañaron desde el principio
en las prácticas
y tuvieron algo que ver
con el desarrollo deportivo
de quien probablemente fue
el mejor futbolista de la historia

muy pocos se negaron
a firmar el petitorio, es cierto
pero una buena parte lo hizo
sin dejar de recordar
la casi entrañable
relacion personal
que con él mantuvieron

rematando el relato incluso
con una amarga queja
digna del amante despechado
que recuerda
un imperdonable abandono
y una artera traición

(aún recuerdo
el día en que llegué a oír
de la boca de alguien
que Maradona no hizo mucho
para merecer el amor
que la gente del barrio
le tiene)

la sensación general
el mensaje implícito
que uno se lleva
después de hablar con estas
desopilantes personas

es que buena parte de la gloria
y la fama del Diez
no se deben a su propia persona
o a su descomunal talento
sino a la generosidad
y el total desinterés
de todos estos ilustres
abnegados y por completo
desconocidos
.
.
.

Esto no es una elegía, ni es un romance ni un verso