martes, mayo 05, 2009




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Sören Kierkegaard (padre del
existencialismo) concibió
la superación personal
como resultado
de una serie de saltos
de conciencia
que él mismo denominó
"movimientos de espíritu"

cada uno
forjado por la propia
determinación
y la valentía individual
puede escalar distintos
estadíos morales y de conciencia
hasta llegar al último
al más perfecto de todos
que, según su concepción
posibilita la realización personal

buscando un poco de información
rememoré los tres estadíos
a los que se refería:
el estético, el ético
y el religioso
(se entiende que esta última noción
puede ser interpretada
más allá del teismo)

poco me quedó, es cierto
de su lectura -la cual data
de no menos de cinco años-
pero como casi siempre sucede
con lo que uno lee detenidamente

se suelen generar
sedimentos en algún lugar
de la conciencia
y en los momentos más inesperados
por una pequeña o trivial
situación
estos emergen a la luz
con una inesperada vigencia

hace un tiempo
le entregaron a mi padre
unos análisis de sangre
que revelaron que se encuentra
muy cerca de sufrir diabetes

dada esta situación
la primera disposición fue
abandonar el consumo familiar
de gaseosas
y en lo posible
todo tipo de alimentos
o postres con azúcar

pasados los días
digamos, dos meses
la toma de medidas preventorias
se redujeron a ser
casi exclusividad del afectado

lo que hoy sucedió
fue la razón por la cual
estoy escribiendo esto
y el motivo del que hayan venido
a mi mente
las curiosas nociones del danés

era la hora de la merienda
después de haber ayudado
en unos trabajos de revoque
que se realizaron en la terraza

mi hermano vino a la parte
delantera de la casa
-donde tenemos un kiosco-
con el fin de buscar algo
para acompañar la leche
allí yo me encontraba atendiendo

lo primero que eligió
fue un alfajor de chocolate
con relleno de almendras
exactamente lo mismo
que yo habría elegido
en su situación

eso estaba pensando
(fue todo cosa de segundos)
cuando lo ví girar
dejar la tortita en su lugar
y agarrar un paquete
de biscochos agridulces:
su razonamiento fue
si se abre algo del kiosco
-lo que evidentemente
significa pérdida de dinero-
que sea al menos
algo que se pueda compartir

conmovido por esto
seguí observando
pero lo verdaderamente decisivo
ocurrió al escucharle la última desición
la definitiva
que profirió en voz alta para sí:
cierto que papà no puede...
y sin haberse llevado nada
regresó invariablemente feliz
a lo cotidiano

ignorando de manera olímpica
que, como quien le unta manteca al pan
había realizado un auténtico y completo
movimiento filosófico
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Esto no es una elegía, ni es un romance ni un verso