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llegué con la clase ya empezada.
Por no llamar más la atención
de la mirada colectiva
atiné ràpida y tan silenciosamente
...................................................como pude
a sentarme en el primer
banco disponible
aunque sin darle
mayor crédito en un principio
y, debo confesarlo,
con cierto oscuro placer
noté que en el apuro
de mi acomodamiento
me había ubicado
con respecto a una bella
y desconocida compañera
varios rigurosos centímetros
más cerca
de lo que las implícitas
reglas sociales demarcan
como correctos
procedí a sacar la carpeta
de la mochila
a atarme el pelo con una gomita
y a poner mi mejor cara
de alumno eficiente
ella no decía nada
pero yo podía percibir
en la cara
el aroma de su aliento
estábamos ridículamente próximos
y la pequeña atmósfera desatada
producía cierta embriagante
dinámica de atracción
a raíz de dar por sentado
que el otro no podía ignorar
esa forzosa intimidad en la que
de repente nos habíamos sumergido
el asunto empezó a tornarse incómodo
con el agravante de que
a cada segundo que pasaba
se hacía más improbable
corregir la situación
porque de realizar un movimiento
en ese sentido
quedarían insoportablemente expuestos
los momentos iniciales
esta amenaza me instó
a seguir pretendiéndome ajeno
a la brutal coyuntura
postura que supongo
ella también
se vió obligada a tomar
así, cautivos del inasible pudor
que nos había inmovilizado,
por casi dos horas
permanecimos pendientes el uno del otro
ignorando cualquier otra referencia
a fechas, fórmulas y medidas
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sábado, abril 25, 2009
Acerca de mí
Esto no es una elegía, ni es un romance ni un verso
