domingo, febrero 15, 2009

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una no muy lejana noche
desperté exaltado
y sumamente inquieto
con la abrumante sensación
de haber soñado
cosas reveladoras

lentamente
pude recordar aquella visión
donde se me hizo más que evidente
la forma en que el ser humano
es subyugado al infierno del acostumbramiento
y el conformismo

a pesar de esta atroz circunstancia
lo más desesperante era ver
cómo el proceso se iba articulando
en una lenta y pregresiva infección
sobre todos los campos de la vida
y especialmente en la esfera de la intimidad

busquè en la cercanía
un ejemplo innmediato
y no sin horror advertí
cómo los integrantes de una pareja
acuerdan en una suerte de
contrato silencioso
el inmutable lugar de la cama
en el que van a dormir

entonces desperté a mi novia
que en ese momento
dormía a mi lado
y le proferí una extensa explicación
acerca de porqué por un tiempo
debía dormir solo

el deber comigo mismo
era encontar mi esencia perdida
y una parte de ello
consistía en descubrir
cuàl era realmente
el lado de la cama que yo necesitaba

durante un mes
feché rigurosamente en una libreta
el lugar preciso de la cama
en el que me solía despertar
la mayoría de las veces
era el centro
entonces tomaba nota
de datos como hacia qué lugar miraba
o hacia dónde tenía las piernas inclinadas

tomé tambien precauciones
para asugurar la objetividad de la investigación
sellé definitivamente el ventanal
para que el viento o la luz del sol
no influyeran en la postura del descanso
incluso aislè la habitaciòn
con paneles acústicos
para evitar la entrada de sonidos

pasado el lapso
por fin encontré el lugar indicado
en el que quería dormir
y curiosamente era el opuesto
al que anteriormente ocupaba

aquella noche cambié el lugar con mi novia
y debo confesar que jamás dormí tan placentera
y profundamente
así descubrí las ventajas
de dormir del lado izquierdo de la cama

también debo contar
ocurrió otro hallazgo inesperado:
gracias a todo esto ella descubrió
su autentico e irrefrenable
amor por las mujeres

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Esto no es una elegía, ni es un romance ni un verso