sábado, diciembre 27, 2008









girè el cuello
para preguntar una pequeñez
y mis ojos se encontraron
con un barquito de papel
que Ezequiel recientemente
habìa confeccionado

en ese momento
el mundo se detuvo
y en un hasta entonces
desconocido movimiento de espìritu
comprendì que estaba viviendo
un quiebre decisivo y fatal
para el resto de mis dìas

no se trataba solamente
de una manualidad
de relativa sencillez
comprendì que aquèl objeto
-aùn sin proponèrselo-
trascendìa enteramente
los fines para los cuales
habìa sido creado

ese barquito
tàn bien colocado
sobre el pupitre
ni derecho ni torcido
apuntando vagamente
hacia la ventana
era ciertamente un portal
hacia la liberaciòn
invitaba a la aventura
a la hazaña
a un exclusivo placer
hasta entonces
solamente reservado
a las bestias
o a los dioses

atònito, le roguè a Ezequiel
que me enseñara còmo hacerlos
y para mi sorpresa
èl accediò sin el menor reparo
lo mejor son las hojas cuadradas
las doblàs asì, despuès acà
tiràs y listo

me es imposible describir
còmo me sentì despuès
de realizar el primero
una emociòn indescriptible
se adueñò de mì
sentì una locomotora
chocàndome el pecho
reìa sin motivos
todo me parecìa hermoso
y bueno

(unas asustadas compañeras
me preguntaron
si me sentìa bien
mas tarde
pude comprenderlas:
estube llorando)

la vida entera
comenzò a girar en torno
a ellos;
boletos, diarios
hojas de carpeta, servilletas
y hasta billetes
fueron transformados

lo mejor de todo
era el proceso
de la creaciòn
me apasionaba
ese màgico momento
en el que
el material ya no era
mero papel
pero tampoco barquito

y aùn conociendo
mecànicamente el armado
despues de cientos
(talvez miles) de obras
todavìa sentìa en mis manos
la emociòn de la primera vez

al finalizarlos quedaba
como extasiado
y sin embargo
cierta inexplicable
melancolìa me invadìa
por saberlos en cierta forma
terminados, independientes de mì

con los años
se me hizo insoportable
desprenderme siquiera
de uno sòlo de ellos
le retirè el saludo a un tìo
quien insistiò en desconocer
el destino de tres soberbios buques
de un brillante plapel glacè rojo
que yo habìa hecho
en una reuniòn familiar
y que en un error imperdonable
he olvidado sobre una mesada

desde entonces
tomè todos los recaudos
posibles
y me he juramentado
guardar conmigo la colecciòn entera
-desde el primero hasta el ùltimo-
en mi habitaciòn

te sorprenderìas
al ver sobre el piso
una enorme alfombra
con los tamaños, colores
y texturas màs variadas
probablemente
la colecciòn
màs grande del mundo
de barquitos de papel
quietos, serenos
sòlo en aparente reposo
esperando con paciencia
el momento adecuado
la señal justa
para entrar en acciòn

Esto no es una elegía, ni es un romance ni un verso