
cierta mañana en mi habitaciòn
promediando el año 1994
no me encontrè ni mas ni menos que
con el señor Santo Biasatti en persona
èste, sin intermediar preàmbulo alguno
de manera càlida pero firme
me recriminò la vida licenciosa
que por ese entonces yo solìa llevar
tamaña situaciòn
me conmoviò para siempre
no tanto por su invasiva peticiòn
o por su apariciòn repentina y absurda
el temor que desde entonces me acompaña
es la sospecha de su fatal omnipresencia:
como si Santo supiera exactamente
dònde y cuàndo encontrarme...
