La Argentina de 1943 era próspera y se mantenía alejada de las tormentas bélicas que sacudían a los europeos. La prosperidad había surgido de esas tormentas, como un fruto inesperado de ellas. Se suele decir: Crisis en la metrópoli-prosperidad en la colonia. O se solía decir. Como sea, lo que el esquema interpretativo dice se centra en que Argentina era una colonia o -sin duda- una semicolonia. Esto es parte del vocabulario nacionalista. Que, a esta altura, era el vocabulario que habían pulido los hombres de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina). Estas cosas deberían ser largamente conocidas pero sabemos cuánto se ha retrocedido y sobre todo hasta qué punto el pensamiento del nacionalismo argentino ha sido sofocado desde el surgimiento de la democracia. Si un joven de hoy supiera que el radicalismo levantó las banderas del nacionalismo popular se sorprendería. ¿Alguna vez
el radicalismo habló de patria, colonia, coloniaje, imperialismo, soberanía popular, soberanía nacional? ¿No es ése el lenguaje pedestre y vulgar del peronismo populista? ¿No sabemos desde Alfonsín en adelante y desde las cátedras que respaldaron su gestión que la patria es la república, el pueblo el ciudadano, el Estado autoritario y toda la otra jerga cosa de peronistas nostálgicos? No, y no podemos ni siquiera detenrenos mucho en esto ni siquiera solucionarlo: se ha avanzado en exceso y posiblemente sea ya tarde, imposible o -lo peor- innecesario.SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES
Volvemos: hablábamos de la prosperidad argentina de 1943. Durante la década del treinta alguien -célebremente- había dicho que la Argentina era la joya más preciada de la corona británica. Cuando la corona británica vive estragada por la guerra, la joya más preciada tiene que abastecerse a sí misma. A esto se llama "sustitución de importaciones". Se sigue exportando hacia la metrópoli en desdicha de lo que ya se importaba y no hay otra salida más que incurrir en una política industrialista. Fabricar en casa lo que nos venía de afuera. Todo proceso de producción genera empleos, dado que necesita obreros.
EL PROCESO SOCIAL DE LA SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES
1_ Los obreros trabajan y cobran sueldos.
2_Con esos sueldos consumen (algo que no sabían) Al consumir aumenta la producción fabril.
3_Esa producción tiene asiento en las ciudades. Las que empiezan a llenarse de fábricas.
4_Los peones del interior reciben la noticia. Hacen su bagayito y se van para la ciudad. Llegan y encuentra trabajo enseguida. La industria le quita los hombres al campo.
5_Nacen las primeras villas miseria. Pero son fruto de un desarrollo que beneficia a los nuevos obreros. Ya tienen trabajo, pronto tendrán hogar: por ahora la villa. Pero hay un horizonte, lo dibuja el humo de las chimeneas, el ruido de los tornos, el rechinar de las máquinas, Avellaneda, Munro, Berisso, ¡cuántos tallercitos aparecen ahí!
6_El tallercito crece y ahora es una fábrica. Los obreros ganan su dinero y de a poco salen de la villa hacia una vivienda escueta pero digna y siempre provisoria, proque el trabajo tiene eso: le da al obrero la certidumbre de futuro, el esfuerzo dará sus frutos.
EL NUEVO SUJETO SOCIAL
Esto venía ocurriendo desde al menos 1935. Cada vez con mayor intensidad. La década -políticamente- era ultrajante, una burla a los derechos civiles de los pobres. Era la década del fraude conservador. De los caudillos comiteriles. De los que les decían a los más humildes: "Vos ya votaste". Alquien le puso un nombre que perduró: Década infame. Ahí surge FORJA. Los jóvenes radicales. Buenos tipos, talentosos: Homero Manzi, Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche. Sin estar en FORJA, desde otras zonas, Roberto Arlt y Enrique Santos Discépolo narraron esos tiempos. La cuestión es esta: previa al golpe de 1943 la Argentina se ponía próspera, había trabajo, nacían industrias y -aquí viene el sujeto!- un proletariado nuevo, joven, hecho de hombres que habían apenas dejado atrás la vida triste del peón, llegaba a las ciudades. Eran los migrantes internos. Los que Eva Perón habrá de llamar "mis grasitas". Los que serán apodados "cabecitas negras". Por el pelo negro, cortón y áspero. Los tipos de las zapatillas. No tienen experiencia sindical alguna. ¿Quién habrá de darles cobertura política? ¿Quién los descubrirá como lo que eran: el sujeto nuevo de la nueva sociedad argentina? ¿Qué interpretación
de la historia nacional e internacional era necesario para poder verlos? Porque se trataba de eso: de verlos.Como en el arte, como en la narrativa o la pintura o la música se trata de eso: de ver lo nuevo. A veces, en el arte, ver lo nuevo es ver que no hay nada nuevo, que la vanguardia es insistir con lo que ya está porque aún restan ahí posibilidades inéditas. Pero , en la Argentina de 1943, había un nuevo sujeto. Nada menos que eso: una clase social que reclamaba un nuevo protagonismo. Requería que alguien viera que estaba ahí, que había llenado las villas, que había salido de ellas, que llenaba las fábricas, que consumía, empezaba a ir al cine, a comer mejor, a vestirse con alguna dignidad. Era el joven proletariado. Los migrantes internos. No sabían nada de la guerra europea o, si lo sabían, no les importaba. No entendía qué era eso. Europa era lo infinitamente lejano. Si alguien les decía "Europa" casi no tenían a qué referir la palabra. Sabían algo: ellos no eran "Europa". "Europa" podía ser, acaso, la riqueza, lejanamente la cultura o el abecedario, el saber leer. Y era "la guerra". Algo que apenas podía imaginar. Buscaban sobrevivir. Habían dado el primer paso: escaparle al patrón de la estancia feudal y expoliadora. Llegar a la ciudad. Y , para colmar dicha dicha, trabajar. Apenas sabían que habían para ellos sindicatos. Que tenían derechos políticos. Que, en algún momento, tendrían que votar. Nada de esto les atraía. No encontraban "dónde" poner esas cosas. No encontraban un partído poítico quer los convocara, que supiera hablarles. Los sindicalistas tradicionales tenían para ellos las únicas palabras que tenían y que honestamente les entregaban, pero esas palabras eran tan tradicionales como ellos. "Socialismo", "comunismo", "anarquismo" no decían mucho para un cabecita negra del '43. Tampoco la palabra "líder" les era cercana. Eso fue, sin embargo lo que encontraron: un líder. También el lider los encontró a ellos. Porque los buscó.LA FORMACIÓN PRUSIANA DEL GOU

El 4 de junio es el día del golpe miilitar. Ese Ejército que sale a las calles tiene unos cascos que -sobre todo vistos desde hoy, en algunos noticiosos de la época- apestan tanto que se parecen a los de los soldados alemanes. Era así: esos militares nacionalistas se habían educado con los textos de los grandes teóricos prusianos de la guerra. Sobre todo con Karl von Clausewitz. Clausewitz nace en 1780 y muere en 1831, el año en que muere Hegel, Rector de la Universidad de Berlín para entonces, el gran cuadro intelecual de Federico Guillermo de Prusia. Clausewitz había leido al mestro de Jena y había estudiado las batallas de Napoleón. Nació en el momento justo. Dirigió la Escuela Alemana de Guerra. Escribió el voluminoso sobre la guerra, cuya influencia en el campo de la estrategia y la táctica guerrera es inabarcable.. Des esa ciencia se nutrieron los hombres del golpe del ´43. También leían a Colmar von der Goltz que incluso solía venirse por aquí. Autor de La nación en armas, hay una foto que lo muestra cuerpo a tierra junto a soldados argentinos, ensuciándose el vistoso y ultracondecorado uniforme prusiano pero formando a ese ejército pro germánico y joven.
El 4 de junio cae el proyecto oligárquico y probritánico del fraude: se pensaba imponer como presidente a Robustiano Patrón Costas. No: los milicos salen a la calle y toman el poder. ¿Quienes eran? Habían abandonado el proyecto que encarnara en la década anterior (ésa que José Luis Torres llamó "infame") el general Manuel A. Rodriguez, ministro de Guerra de Justo.
Ya que estamos ¿qué significa GOU? La definición más usual es Grupo de Oficiales Unidos. Pero es demasiado sensata. La mentalidad germano industrialista y la tendencia al exeso de muchos de sus integrantes torna más verosimil la que propone Carlos Fayt: Grupo Obra de Unificación. Me inclino por la imperativa que propone Puiggrós: ¡Gobierno! ¡Orden! ¡Unidad! Los oficiales de escuela prusiana vivían entre signos de admiración. Imponen la violencia expresiva de las órdenes: ¡Atención soldados!" O se no: "Avancen sobre el enemigo!"
Pero volvamos a los soldados del GOU. Sus apellidos asombraron a la oligarquía cuando salieron a la luz: Ramirez, Farrel, Perón, Mercante, Golzález ¿Quiénes eran? Eran los hijos de los inmigrantes de la laboriosa clase media yrigoyenista que los había introducido a la vida militar buscando la ansiada meta del ascenso social. Habían participado el golpe del '30, habían padecido los años de Justo, eran católicos, nacionalistas, simpatizantes del Eje más por formación profesional que por real identificación política. Los había enfurecido la defección de Uriburu, su traición incluso. El 6 de septiembre de ese año de 1943, festejaron el aniversario del golpe del ´30. Se sentían sus herederos.
EL CORONEL Y SU BERRETÍN CON LA CLASE OBRERA

Había entre ellos un tipo raro. No tenía el berretín de la siderurgia como sus compañeros de armas. Los hombres del GOU, en efecto, eran industralistas. Buscaban la industria pesada. Se morían por los Altos Hornos. El tipo raro, no. Su berretín era la clase obrera. Los migrantes internos. Los negritos que llegaban sin cesar a la ciudad. Cuando sus compañeros le preguntaron qué quería contestó algo que sorprendería a todos: el Departamento de Trabajo, pronto trastocado en Secretaría de Trabajo y Previsión. Los del GOU se asombraron y hasta sonrieron con cierto desdén: ¿qué le dió a Perón? (Así se llamaba el tipo Raro; que era raro, desde el vamos, por el puesto que pidió) ¿La secretaría de Trabajo y Previsión? ¿Y qué podía hacer edsde ahí?
Hablar con los migrantes. Saludar a los negritos. Sonreírles. El coronel tenía una sonrisa que ni la de Gardel. Cincuentón, pintonazo, entrador. Usaba un lenguaje pintoresco. Rosas le explicaba a Santiago Varela, representante de Uruguay, que se había tenido que hacer gaucho para ganarse el favor de esa clase, de esos hombres de la pampa. Perón les pone el cuerpo a los obreros. Les habla con palabras de ellos o decididamente nuevas. O no tanto: venían de FORJA, del radicalismo antialverista. Dice década infame, cipayos, vendepatrias, semicolonia, explotación. Llama compañeros y muchachos a sus amigos, contras a sus enemigos, bolichero al comerciante, peliagudo a lo difícil, queso a lo que ambicionan los políticos, cuento chino a la mentira, pan comido a lo fácil, bosta de oveja a lo indefinido.
RAZGOS POLÍTICOS DE LA OLIGARQUÍA
La oligarquía era aliadófila. La aliadofilia fue el gran obstáculo para descubrir al nuevo sujeto político de la etapa. Ser aliadófilo era mirar hacia Europa. La suerte del entero mundo se jugaba ahí: las democracias occidentales enfrentaban al Eje y de su triundo dependía el futuro de la Humanidad. La oligarquía, además, no necesitaba desbubrir al nuevo sujeto político. Lo había explotado en sus estancias. Ahora se le aparecía en las ciudades. Fue -como más tarde se dijo- un aluvión. Traducido al presente, a nuestra historicidad de hoy, a la oligarquía de los cuarenta le pasó lo que quieren evitar los porteños de hoy: que la chusma se les venga encima. Y no sólo lso porteños: los ciudadanos de las grandes orbes del mundo también. Los parisinos que eligen a Sarkozy le requieren dureza con los musulmanes (aunque tengan tres generaciones de franceses detrás), dureza con la periferia, con la negritud que los rodea, con la barbarie. También el Muro de Bush cumple esa función: que los desastrados del mundo no vengan a comer de nuestro
propio plato. Hay un temor de las ciudades y es un temor viejo, añoso: la invasión de los bárbaros. La oligarquía del cuarenta mal podía elegir a sus peones súbitamente urbanizados como su sujeto político porque los odiaba. Los recibía con temor. Habría deseado mantenerlos bajo la égida del capataz, comprando víveres en el almacén de sus patrones, no con dinero sinó con vales, con indignas papeletas. Ahora estaban aquí. Les violaban la ciudad. Esta oligarquía era, además, racista. Para la "negrada" sólotenía un desdén patronal y racial. Desde esta óptica -qunque es cierto, Perón trajo a muchos nazis- el peronismo careció del elemento esencial del nacionalsocialismo: el racismo biologicista.El que recibió al diferente, al racialmente detestado, denigrado, fué Perón. No le molestó la "negrada". La sociedad rural, en cambio, se comportaba con ellos como Alfred Rosenberg con los judíos. En agosto de 1944, ante una consulta que sobre salarios le hace la Secretaría de Trabajo y Previsión, responde: "En la fijación de salarios es primordial determinar el estándar de vida del peón común. Son a veces tan limitadas sus necesidades materiales que un remanente trae destinos socialmente poco interesantes. Últimamente se ha visto en la zona maicera entorpecerse la recolección debido a que con la abundancia del cereal y el buen jornal por bolsa, resultaba que con pocos días de trabajo se daban por satisfechos"(Anales de la Sociedad Rural, agosto de 1944)En resumen: al nuevo sujeto que asomaba en la escena política de la urbe portuaria la oligarquía creía conocerlo bien: venía del campo, era recialmente inferior y apenas juntaba unos pesos se dedicaba a la holganza. Un pésimo encuadre para captar su adhesión.
