domingo, enero 13, 2008

Cantidad y Cualidad: el proceso molecular de la revolución

El proceso de una reacción química implica cruzar una barrera decisiva, conocida como estado de transición. En este punto, antes de que los reactivos se conviertan en productos, no son ni una ni otra cosa. Algunos de los viejos vínculos se están rompiendo y otros nuevos se están formando. La energía necesaria para sobrepasar este punto crítico se conoce como energía de Gibbs. Para que una molécula pueda reaccionar, necesita una cierta cantidad de energía, que en un punto determinado la lleva a un estado de transición. A temperaturas normales, sólo una pequeña fracción de moléculas que reaccionan tiene suficiente energía. A temperaturas mayores, más moléculas tendrán esa energía. Por eso el calor es uno de los medios de acelerar una reacción química. También se puede acelerar con un catalizador, de amplio uso en la industria. Sin catalizadores, muchos procesos, aunque seguirían dándose, lo harían tan lentamente que sería antieconómicos. El catalizador no cambia la composición de las sustancias implicadas ni altera la energía de Gibbs de los reactivos, pero puede facilitar el camino entre ambos.

EL INDIVIDUO Y LA HISTORIA

Hay ciertas analogías entre este fenómeno y el papel del individuo en la historia. Es una distorsión bastante común el pensar que el marxismo no deja lugar para el individuo a la hora de moldear su propio destino. Según esta caricatura, la concepción materialista de la historia lo reduce todo a "las fuerzas productivas". Los seres humanos son vistos como meros agentes ciegos de las fuerzas económicas, marionetas danzando al son de la inevitabilidad histórica. Este punto de vita mecanicista del proceso histórico (determinismo económico) no tiene nada que ver con la filosofía dialéctica del marxismo.
El materialismo histórico parte de la proposición elemental de que los hombres y las mujeres hacen su propia historia. Pero, al contrario que la concepción idealista de los seres humanos como agentes absolutamente libres, el marxismo explica que están limitados por las condiciones materiales reales de la sociedad en que nacieron. Estas condiciones están moldeadas fundamentalmente por el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, que es, en última instancia, la base sobre la que descansan la cultura, la política y la religión humana. Sin embargo, estas cosas no están determinadas directamente por el desarrollo económico, sino que pueden tener, y de hecho tienen, vida propia. Las relaciones extremadamente complejas entre todos estos factores tienen un carácter dialéctico, no mecánico. Las personas no escogen las condiciones en que nacen, les vienen dadas. Tampoco es posible, como se imaginan los idealistas, que los individuos impongan su voluntad sobre la sociedad debido simplemente a la grandeza de su inteleco o a la fuerza de su carácter. La teoría según la cual la historia la hacen los "grandes hombres" es un cuento de hadas para entretener a niños de cinco años. Tiene más o menos el mismo valor científico que la "teoría conspiratoria" de la historia, que atribuye las revoluciones a la maligna influencia de "agitadores".

SUMAS CUANTITATIVAS QUE DEVIENEN EN CAMBIOS CUALITATIVOS

Todo obrero sabe que las huelgas las provocan las malas condiciones laborales y salariales, no los "agitadores". Las huelgas, contrariamente a la impresión que quieren transmitir algunos medios de comunicación, no son hechos normales. Una fábrica puede estar durante años en un estado de calma aparente. Puede ser que los trabajadores no reaccionen incluso cuando sus condiciones salariales y de trabajo son atacadas. Esto es especialmente verdad en condiciones de paro masivo o cuando los dirigentes sindicales no se ponen al frente de la lucha. Esta indiferencia aparente de la mayoría frecuentemente desmoraliza a la minoría de activistas. Sacan la conclusión equivocada de que el resto de los trabajadores son "atrasados" y nunca van a hacer nada. Pero, por debajo de la superficie de tranquilidad aparente, se están produciendo cambios (acumulaciones cuantitativas). Mil pequeños incidentes, injusticias, agravios, ofensas, van dejando gradualmente su poso en la conciencia de los trabajadores. Trotsky describió apropiadamente este proceso como "el proceso molecular de la revolución". Es el equivalente a la energía de Gibbs en una reacción química.

EL ROL DEL CATALIZADOR

Tanto en la química como en la vida real, los procesos moleculares tardan su tiempo. Ningún químico se quejaría nunca de que la reacción esperada estuviese terdando demasiado, especialmente si no se dan las condiciones para una reacción rápida. Pero en un momento dado se alcanza el estado de transición química. Llegados a ese punto, la presencia de un catalizador es de gran ayuda a la hora de llevar el proceso a un desenlace exitoso del modo más rápido y económico. De la misma menera, en un momento dado, el descontento acumulado en la fábrica explota. La situación cambia redicalmente en veinticuatro horas. Si los activistas no están preparados, si se han dejado decepcionar por el ambiente superficial, el movimiento los sorprenderá con la guardia baja.
Más pronto o más tarde, las cosas se transformarán dialécticamente en su contrario. En palabras de la Biblia, "los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros". Lo hemos visto muchas veces, especialmente en la historia de las grandes revoluciones. Capas de trabajadores previamente atrasadas y pasivas pueden pasar de golpe a la primera línea de fuego. La conciencia se desarrolla mediante saltos bruscos y repentinos. Esto se puede ver en cualquier huelga. Y en cada huelga podemos vere lementos de una revolución, aunque en estabo embrionario, no desarrollado. En este tipo de situaciones, la presencia de una minoría consciente y audaz puede jugar un papel similar al de un catalizador en una reacción química. En algunas circunstancias, incluso un solo individuo puede ser absolutamente decisivo.
En noviembre de 1917, el destino de la revolución rusa estuvo determinado en última instancia por el papel de dos hombres, Lenin y Trostsky. No hay duda de que sin ellos la revolución hubiese sido derrotada. Los demás dirigentes (Zinóviev, Kámenev, Stalin) capitularon bajo la presión ideológica de clases ajenas. Aquí no se trata de "fuerzas históricas" en abstracto, sino del grado concreto de preparación, previsión, coraje personal y habilidad de los dirigentes. Después de todo, estamos hablando de una lucha de fuerzas vivias, no de una simple ecuación matemática.
¿Quiere decir esto que la interpretación idealista de la historia es correcta? ¿Lo deciden todo los grandes hombres? Dejemos que los hechos hablen por sí mismos. Durante los veinticinco años anteriores a 1917, Lenin y Trotsky pasaron la mayor parte del tiempo más o menos aislados de las masas, casi siempre trabajando con grupos muy reducidos de personas. ¿Por qué, pro ejemplo, no pudieron tener el mismo decisivo papel en 1916? ¿O en 1890? Porque no se daban las condiciones objetivas. De la misma manera, un activista sindical que estuviese llamando continuamente a la huelga cuando no hubiera un ambiente propicio para la lucha acabaría siendo el hazmerreir de la fábrica. Igualmente, cuando la revolución quedó aislada en condiciones de atraso económico extremo y la correlación de fuerzas entre las clases había cambiado, ni Lenin ni Trostsky pudieron evitar el auge de la contrarrevolución borocrática, encabezada por un hombre, Stalin, que era, en todos los sentidos, inferior a ellos. Aquí podemos ver la elación dialéctica entre los factores subjetivo y objetivo en la historia.

Esto no es una elegía, ni es un romance ni un verso