Para abordar la problemática del orden social en la historia del pensamiento humano, hay que tener en cuenta el impacto que tubo el descubrimiento del Nuevo Mundo, y concretamente las islas del Pacífico, sobre la mentalidad europea. Hasta entonces, Europa daba por hecho que la humanidad había vivido desde el comienzo de la historia en sociedades jerárquicas. La monarquía, la aristocracia y las clases socieles formaban parte del orden natural de las cosas. En el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino resumía una filosofía que se prolongaría durante siglos:"todo lo que sucede en la naturaleza es bueno, porque la naturaleza siempre obra del mejor modo posible. La forma de gobierno clásica en la naturaleza es la norma del uno. Si tenemos en cuenta las partes del cuerpo, veremos que una de las partes mueve todo el resto, a saber, el corazón. Si contemplamos las partes del alma, veremos que una de las facultades gobierna sobre las demás: la razón.
Igual les sucede a las abejas, que sólo tienen una reina, y al universo en su totalidad, que sólo tiene un Dios, creador y señor de todas las cosas. Esto no carece de motivo, pues una pluralidad siempre se deriba de una unidad. Puesto que las obras de arte imitan las obras de la naturaleza y una obra de arte es más perfecta cuanto más se asemeje a la naturaleza, el mejor gobierno de las gentes será por fuerza un gobierno único."Quinientos años después, Jan-Jacques Rousseau estaría de acuerdo con la primera línea de este párrafo -todo en la naturaleza es bueno-, pero rechazaría el resto. Gracias al descubrimiento del Nuevo Mundo, los filósofos como Rousseau supieron que había personas que vivían sin jerarquías sociales, sin monarquías ni aristocrátas hacendados y a veces incluso sin asentamientos ni ciudades. No tardaron mucho en deducir que tal debía ser la condición "natural" de la humanidad y que las grandes civilizaciones del mundo, con sus complicadas jerarquías sociales y sistemas de privilegio, representaban una terrible destorción del orden natural.
De este modo, Rousseau llegó a la conclusión de que la sociedad era un gigantesco fraude, un sistema de explotación que los fuertes habían impuesto a los débiles. Estaba convencido de que la supuesta civilización había "puesto grilletes a los pobres y fortalecido a los ricos,
destruido sin remedio la libertad natural, estableciendo para siempre las leyes de la propiedad y la desigualdad, conviertiendo la usurpación en un derecho irrevocable y sometido a la humanidad entera al trabajo, el servilismo y la miseria para enriquecer a un pequeño grupo de hombres ambiciosos"Como crítica devastadora de la sociedad, no tiene desperdicio. Después de leerla, Voltaire no pudo por menos de escribir a Rousseau: "He recibido su último libro contra la humanidad y le doy gracias por él. Jamás de había empleado tanta inteligencia en demostrar que somos todos idiotas. A uno le entran ganas, al leer el libro, de ponerse a andar a gatas. Pero como hace más de sesenta años que perdí esa costumbre, me entristece no poder retomarla. Tampoco puedo marcharme a vivir con los salvajes del Canadá, porque las enfermedades a las que estoy condenado me obligan a disponer de un médico europeo"
Sin embargo, pese a la tracendencia de sus palabras, la intención de Rousseau no era condenar a la humanidad ni recomendar el regreso a la vida salvaje. Su obra sobre el contarto social dejaba claro que no se oponía al orden social en sí ni al imperio de la ley. Se oponía al modelo jerárquico que dicho orden había adoptado en su propia sociedad. Lo que le enfurecía era la perversión del orden natural y la subsiguiente explotación.
Es decir, pese a lo devastador de su acusación, la crítica de Rousseau iba dirigida contra una clase social concreta a la que consideraba enemiga: la aristocracia. Además, consideraba a la población -la gran masa- como su aliada natural en la lucha. Los movimientos sociales que su obra desencadenó (anteriores y posteriores a la revolución francesa) no fueron rebeliones anárquicas contra la sociedad en general. Iban dirigidos concretamente contra las clases gobernantes (motivo por el cual a fines del sigo XVIII casi toda la aristocracia francesa estaba muerta u oculta)
Incluso los anarquistas del siglo XIX no eran realmente anarquistas en el sentido moderno del término. No se oponían al orden social, ni eran individualistas. En muchos casos, ni siquiera querían eliminar el Estado. Simplemente se oponían a la imposición del orden social por la fuerza y al militarismo del primer Estado-nación moderno sugido en Europa. La premisa más radical del Catecismo

revolucionario de Mijaíl Bakunin, uno de los documento básicos del anarquismo político, defiendió el federalismo voluntario como principio de la organización nacional, junto con el sufragio de ambos sexos. De hecho, el célebre anarquista Bakunin fue el primero en hablar de los "Estados Unidos de Europa".
Por tanto, aunque se condenara el trasfondo manipulador de la sociedad en su conjunto, nadie tenía dudas en cuanto a quién controlaba a quién. En los siglos XVIII y XIX, el objetivo de los activistas y pensadores redicales no era eliminar el juego, sino nivelar el terreno donde se desarrollaba la acción. De ahí el caracter marcadamente populista que tenía la política radical dle primer período moderno. El objetivo era espolear a las masas contra sus gobernantes.
Pero en la segunda mitad del siglo XX, la política radical dio un giro significativo. En vez de un aliado, se empezó a consiedrar al pueblo como un ente sospechoso...
