Este es un estracto de una nota de la revista "debate", la cual es visiblemente favorable al gobierno de Kirchner y dice algunas cosas en las que no coincido, pero el tratamiento a esa suerte de "neogorilismo" o "golirismo pop" es muy interesante y creo que trasciende largamente a estas eleccionesEntre tantas reediciones a las que nos condena la posmodernidad (neoliberalismo, neoconservadurismo, neopopulismo) los argentinos aportamos el regreso de un producto bien nuestro: el gorilismo, o gorilismo pop.
Un gorilismo posmoderno que no clama porque los aviones Mentor bombardeen otra vez la Casa Rosada. Cuyos referentes más conspicuos no se animan a utilizar en público conceptos como "cabecitas negras", "aluvión zoológico", "negrada" o "cabecitas quemadas", que se adapta a las formas suaves e indefinidas de lo políticamente correcto que hoy imperan, pero que conserva la carga intacta de racismo, intolerancia y actitud reaccionaria del que hizo gala el gorilismo puro y duro tal cual lo padecimos. Cosa que, en un punto, puede resultar hasta peor que la brutalidad exhibida por su antecesor, ya que este nuevo gorilismo permea,difusa y subrepticiamente, el sentido común de "la gente" sin anclajes ideológicos ni políticos. En la forma de apreciaciones ligeras, de comentarios al paso o de "aseveraciones evidentes", en lo que es su formato más pernicioso y maligno. En su fisonomía natural y obvia, el gorilismo crece y se expande, sin que genere la oposición y la crítica que merece.

El nuevo gorila ni siquiera necesita ser antiperonista, ya que hay algunos que se autodenominan peronistas y hasta pueden coincidir con las recientes afirmaciones de ex presidente Carlos Menem, cuando dijo que "Kirchner no es peronista, es populista, y del populismo la peor calaña. Para mí, es el Anticristo"
El gorilismo pop exhibe una creciente sensación de que la democracia es para pocos, para los que son "como uno" -gente racional, pensante y libre- y no para aquellos a quienes se lleva a votar como una "manada" a cambio de "prevendas y dádivas". Cuando Elisa Carrió insta a los "hermanos pobres" a "romper con el clientelismo del que son presos" les habla en realidad a los que piensan, como Mariano Grondona, que en la Argentina no hay democracia porque el Gobierno triunfa en las elecciones gracias al voto de los que son "obligados" a poner la boleta oficial en las urnas.

Así, "pobre" en el imaginario de la clase media que le ha perdido el temor a la crisis y pretende vivir de nuevo en el país del "primer mundo", es sinónimo de estupidez, haraganería y delincuencia.
No hay espacio para que el ciudadano que pertenece a las clases populares evalúe positivamente a un gobierno que bajó el índice de desocupación a un dígito y que estimuló el consumo masivo y que presidió un crecimiento inédito del 10 por ciento anual durante su mandato. Más aún, no se entiende por qué, si al Gobierno le conviene tanto el clientelismo, ha reducido el asistencialismo y aumentado el empleo formal. Por ejemplo el Plan Jefas y Jefes de Hogar alcanza hoy sólo a 900.000 beneficiarios, un tercio de los que recibían en 2003.
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El punto no es que sea iracional votar al Kirchnerismo sino que, en la visión del gorila pop, los "pobres" que votan por él lo hacen sin poder realizar una verdadera "elección" ya que están supuestamente forzados a hacerlo
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