miércoles, noviembre 21, 2007

Las mutaciones del idealismo


LA IDEOLOGÍA DETRÁS DE MATRIX

Conviene fijarse bien en la primera entrega de la trilogía Matrix. Para entender la doctrina central hay que acudir a la ecena de la primera película en que en personaje Neo ve al conejo blanco. Cuando da un libro a su amigo, en el lomo aparece el título Simulacra and Simulation, de Jean Baudrillard.
Matrix es una metáfora de una idea política que tiene sus orígenes en la década de 1960. Parte de una idea que tuvo su máxima expresión en la obra de Guy Debord, el fundador no oficial de la Internacional Situacionista, y en la de su discípulo Jean Baudrillard.
El marxista radical Debord escribió la sociedad del espectáculo y fue uno de los principales instigadores de mayo del 68 francés. Su tesis era sencilla: el mundo en que vivimos no es real. El capitalismo consumista fagocita todas las experiencias humanas auténticas, las transforma en un producto consumible y nos las revende a través de la publicidad y los medios de comunicación. Convierte todos los componentes de la vida humana en un "espectáculo" en sí mismo, es decir, un sistema de símbolos y representaciones gobernado por su propia lógica interna. "El espectáculo sufre tal grado de acumulación que se convierte en una imagen" escribió Debord. En otras palabras, vivimos en un mundo de ideología total en el que estamos totalmente alienados de nuestra naturaleza esencial. El espectáculo es un sueño que se ha hecho necesario, es "la pesadilla de la sociedad moderna, prisionera de sí misma, que finalmente expresa tan sólo la necesidad de dormir".
En semejante mundo, la tradicional preocupación por la igualdad y la abolición de la sociedad de clases se queda pasada de moda. En la sociedad del espectáculo, el nuevo revolucionario debe buscar dos cosas: "la conciencia del deseo y el deseo de la conciencia". Es decir, debemos hallar formas de placer independientes de las necesidades que nos impone el sistema y debemos despertar de la pesadilla del "espectáculo". Como hace Neo, tenemos que elegir la píldora roja.
En resumen, tratándose de rebeldía y activismo político, es inútil intentar cambiar los pequeños detalles del sistema. ¿Qué importa quién sea rico y quién sea pobre? ¿Qué importa quién tenga derecho al voto y quién no? ¿Qué importa quién tenga un mayor acceso a los empleos y las oportunidades? Todo ellos es una ilusión efímera. Y si los productos son sólo imágenes, ¿a quién le importa que unas personas tengan más y otras menos? Lo importante es reconocer que toda la cultura, toda la sociedad, es una pesadilla que debemos rechazar por completo.

ENFOQUE MATERIAL O ENFOQUE IDEAL

Evidentemente, esta idea tiene poco de original. Es una de las más antiguas de la civilización occidental. En La República, Platón comparaba nuestra vida terrenal con una cueva llena de prisiones que, encadenados al suelo, sólo ven sombras reflejadas en la pared a la luz de una hoguera. Cuando uno de los prisioneros escapa y sale a la superficie, descubre que el mundo en que había vivido era una pura ilusión. Regresa a la cueva para dar la buena nueva a sus compañeros, pero éstos siguen enzarzados en sus mezquinas discusiones. Desconcertado, al recién liberado le resulta difícil tomarse en serio todos estos tejemanejes "políticos".
Así que la idea de que vivimos en un mundo ilusorio no es nueva. Lo que sí cambia, sin embargo, es la mentalidad popular a la hora de afrontar este engaño. Platón no tenía ninguna duda de que liberarse implicaba décadas de estudio y reflexión filosófica. Para los cristianos era aún más dificil: sólo la muerte nos daba acceso al "verdadero" mundo ulterior. Sin embargo, Deborf y los situacionistas opinaban que el velo de la ilusión se podía traspasar mucho más facilmente. Bastaría con una ligera disonancia cognitiva, una señal de que algo no funcionaba en el mundo que nos rodea. Esto lo podía producir una obra de arte, un acto de protesta o incluso una prenda de ropa. Y precisamente de aquí surge la idea del bloqueo cultural. El activismo político "tradicional" es inutil. Equivale a intentar reformar las instituciones políticas incluídas en la trama de Matrix. ¿Qué sentido tendría? Lo que realmente tenemos que hacer es despertar a las personas, "desenchufarlas", liberarlas de la tiranía del espectáculo. Para lograrlo tenemos que producir una disonancia cognitiva. Mediante actos simbólicos de resistencia, debemos sugerir que en el mundo hay cosas que no funcionan.
Según la teoría contracultural, el "sistema" se organiza sobre la base de la represión del individuo. El placer humano es inherentemente anárquico, indisciplinado, salvaje. Para tener controlados a los trabajadores, el sistema debe infundir necesidades manufacturadas y deseos prefabricados, que a su vez pueden satisfacerse dentro de la estructura de la tecnocracia. El orden existe, pero a expensas de la infelicidad, la alienación y la neurosis generalizada. Por tanto, la solución está en recuperar nuestra capacidad de sentir placer espontáneo mediante, por ejemplo, la perversidad múltiple, o el teatro alternativo, o el primitivismo moderno, o las drogas experimentales, o cualquier otra cosa que nos ponga las pilas. La contracultura considera la diversión como el acto transgresor por exelencia. El hedonismo se transforma en una doctrina revolucionaria.
¿Resulta extraño, entonces, que este tipo de rebeldía contracultural haya servido para consolidar el capitalismo consumista? Si es así, ha llegado el momento de dar un paso a la realidad. Divertirse no es transgresor, no socava ni ha socavado nunca ningún sistema. De hecho, el hedonismo generalizado entorpece la labor de los movimientos sociales y hace mucho menos atractivos los sacrificios en nombre de la justica social. En cuanto a ésta, todos los grandes logros obtenidos (en norteamérica) durante el último medio siglo proceden de una reforma sistemática llevada a cabo dentro del sistema. Tanto los movimientos pro derechos civiles como el feminismo han beneficiado enormemente a determinados sectores desfavorecidos, al tiempo que la protección social proporcionada por el Estado de bienestar mejoraba las condiciones de vida de todos los ciudadanos. Pero estas mejoras no se han conseguido "desenchufando" a las personas de la red de ilusiones que gobierna sus vidas. Se deben a un laborioso proceso de la política democrática basada en el debate, la investigación, la coalición y la reforma legislativa.

Esto no es una elegía, ni es un romance ni un verso