
Materialismo e idealismo
Toda la historia de la filosofía desde los griegos hasta el presente consiste en una lucha entre dos escuelas de pensamiento diametralmente opuestas —el materialismo y el idealismo—. Aquí nos encontramos con un buen ejemplo de cómo los términos empleados en la filosofía difieren fundamentalmente del lenguaje cotidiano. Cuando nos referimos a alguien como un "idealista" normalmente tenemos en mente a una persona de altos ideales y moralidad impecable. Por el contrario, se cree que un materialista es un individuo sin principios, avaricioso y egocéntrico que ostenta un exagerado apetito por manjares y otras cosas —en pocas palabras, un elemento harto indeseable—.
Esto no tiene nada que ver con el materialismo e idealismo filosóficos. En un sentido filosófico, el idealismo parte de una visión del mundo como un mero reflejo de ideas, mente, espíritu o, más correctamente, de la Idea, que existía antes del mundo físico. Las cosas materiales que conocemos mediante los sentidos, según esta escuela, son sólo copias imperfectas de esta Idea perfecta. El abogado más consecuente de esta filosofía en la antigüedad era Platón. No obstante, Platón no inventó el idealismo, que ya existía antes de él.
Los pitagóricos creían que la esencia de todas las cosas era el Número (una opinión aparentemente compartida por algunos matemáticos modernos) Mostraban un desprecio al mundo material en general y al cuerpo humano en particular, siendo visto este como una prisión en donde el alma estaba atrapada. La comparación entre esta visión y la de los monjes medievales resulta llamativa. De hecho, es probable que la Iglesia se apropiara de muchas de las ideas de los pitagóricos, platónicos y neoplatónicos. Esto no es sorprendente. Todas las religiones se basan necesariamente en una visión idealista del mundo. La diferencia reside en que la religión apela a las emociones y pretende ofrecer una comprensión intuitiva y mística del mundo ("la Revelación"), mientras que la mayoría de los filósofos idealistas intenta demostrar sus teorías mediante argumentos lógicos.
No obstante, en el fondo, las raíces de todo idealismo son religiosas y místicas. El desdén hacia el "crudo mundo material" y la elevación de lo "Ideal" nace del fenómeno que acabamos de considerar en relación a la religión. No es ningún accidente que el idealismo platónico surja en Atenas en un momento en que el sistema de la esclavitud alcanza su punto álgido. El trabajo manual en aquel entonces era visto en el sentido más literal de la palabra como el sello de la esclavitud. El único trabajo digno de respeto era el trabajo intelectual. En esencia, el idealismo filosófico es un producto de la división extrema entre el trabajo mental y manual que ha existido desde el amanecer de la historia escrita hasta el día de hoy.
Sin embargo, la historia de la filosofía occidental no empieza con el idealismo, sino con el materialismo, que afirma precisamente lo contrario: que el mundo material que conocemos y exploramos mediante la ciencia es real; que el único mundo real es el material; que los pensamientos, ideas y sensaciones son el producto de la materia organizada de una forma determinada (un sistema nervioso y un cerebro); que el pensamiento no puede derivar sus categorías a partir de sí mismo, sino sólo a partir del mundo objetivo que se nos da a conocer a través de nuestros sentidos.
Los primeros filósofos griegos se conocen como los "hilozoistas" (del griego "los que creen que la materia está viva"). He aquí una larga línea de héroes y pioneros del pensamiento humano. Los griegos descubrieron que el mundo era redondo mucho antes que Colón. Explicaron que los seres humanos habían evolucionado de los peces mucho antes que Darwin. Hicieron unos descubrimientos extraordinarios en el campo de las matemáticas, especialmente la geometría, que no avanzaron mucho en los siguientes 1.500 años. Inventaron la mecánica e, incluso, construyeron una máquina de vapor. Lo que es increíblemente nuevo en esta manera de interpretar el mundo es que no era religiosa. En contraste con los egipcios y babilonios, de quienes habían aprendido bastante, los pensadores griegos no recurren a los dioses y las diosas para explicar los fenómenos de la naturaleza. Por primera vez, el hombre intentó explicar el funcionamiento de la naturaleza puramente en términos de la naturaleza. Esta es una de las grandes revoluciones del pensamiento humano. La auténtica ciencia comienza aquí.
Aristóteles, el más grande de los filósofos de la antigüedad, puede ser considerado como materialista, aunque no era tan consecuente como los primeros hilozoistas. Hizo una serie de descubrimientos científicos importantes que formaron la base para los grandes logros de la ciencia griega del período alejandrino. La edad media, que surgió del colapso de la antigüedad, fue un desierto en el que el pensamiento científico languideció durante siglos. No por casualidad este fue un período dominado por la Iglesia. La única filosofía permitida fue el idealismo, fuese como una caricatura de Platón o como una distorsión peor todavía de Aristóteles.
La ciencia resurgió triunfante en el período del Renacimiento. Fue obligada a llevar a cabo una batalla feroz contra la influencia de la religión (por cierto, no sólo la católica, sino también la protestante). Muchos mártires pagaron con su vida el precio de la libertad científica. Giordano Bruno fue quemado vivo. La Inquisición juzgó a Galileo dos veces, obligándole a renunciar a sus opiniones bajo amenaza de tortura.
EMPIRISMO
La tendencia filosófica dominante del Renacimiento fue el materialismo. En Inglaterra, éste tomó la forma del empirismo, que afirma que todo conocimiento es derivado de los sentidos. Los pioneros de esta escuela eran Francis Bacon (1561-1626), Thomas Hobbes (1588-1679) y John Locke (1632-1704). La escuela materialista emigró de Inglaterra a Francia donde adquirió un contenido revolucionario. En manos de Diderot, Rousseau, Holbach y Helvetius, la filosofía se convirtió en un instrumento para criticar la sociedad existente en su conjunto. Estos grandes pensadores prepararon el camino del derrumbamiento revolucionario de la monarquía feudal en 1789-93.
Las nuevas opiniones filosóficas estimularon el desarrollo de la ciencia, el experimento y la observación. El siglo XVIII fue testigo de un gran avance en las ciencias, sobre todo la mecánica. Pero este hecho tenía no sólo un lado positivo sino también otro negativo. El viejo materialismo del siglo XVIII era estrecho y rígido, reflejando el desarrollo limitado de la propia ciencia. Newton expresó las limitaciones del empirismo con su célebre frase "yo no hago hipótesis". Esta postura mecanicista y unilateral al fin y al cabo resultó ser fatal para el viejo materialismo. Paradójicamente, son los filósofos idealistas los que realizan los grandes avances filosóficos después de 1700.
KANT
Bajo el impacto de la revolución francesa, el idealista alemán Immanuel Kant (1724-1804) sometió toda la filosofía previa a una crítica a fondo. Kant hizo grandes descubrimientos no sólo en la filosofía y la lógica, sino también en la ciencia. Su hipótesis nebular del origen del sistema solar (a la que Laplace más tarde da una base matemática) es ahora generalmente aceptada como correcta. En el terreno de la filosofía, la obra maestra de Kant, La crítica de la razón pura, es la primera que analiza las formas de la lógica que permanecían prácticamente sin cambiar desde que Aristóteles las desarrolló. Kant demuestra las contradicciones implícitas en muchas de las proposiciones más fundamentales de la filosofía. Sin embargo, no fue capaz de solucionar estas contradicciones ("Antinomias") y, finalmente, sacó la conclusión de que el verdadero conocimiento del mundo era imposible. Si bien podemos conocer las apariencias, nunca podremos saber cómo son las cosas "en sí mismas".
IDEALISMO SUBJETIVO
Esta idea no es nueva. Es un tema que se repite muchas veces en la filosofía y generalmente se identifica con lo que llamamos el idealismo subjetivo. Antes de Kant, esta idea fue defendida por el obispo irlandés y filósofo George Berkeley y por David Hume, el último de los empíricos ingleses clásicos. Se puede resumir el argumento de la siguiente manera: "Yo interpreto el mundo mediante mis sentidos. Por lo tanto, todo lo que sé que existe son las impresiones de mis sentidos. Por ejemplo, ¿puedo afirmar que esta manzana existe? No. Todo lo que puedo decir es que la veo, la siento, la huelo, la pruebo. Por lo tanto, realmente no puedo afirmar que el mundo material existe". La lógica del idealismo subjetivo es que, si cierro los ojos, el mundo deja de existir. En última instancia conduce al solipsismo (del latín, "solus ipse" para "yo sólo"), la idea de que tan sólo yo existo. Estas ideas nos pueden parecer absurdas, pero curiosamente han demostrado ser persistentes. De una manera u otra, los prejuicios del idealismo subjetivo han penetrado no sólo en la filosofía sino también en la ciencia durante una gran parte del siglo XX. Vamos a tratar más específicamente de esta tendencia más adelante.
HEGEL
La gran ruptura se produce en las primeras décadas del siglo XIX con Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831). Hegel era un idealista alemán, un hombre de un intelecto gigantesco, que prácticamente resume en sus escritos la totalidad de la historia de la filosofía. Hegel demuestra que la única manera de superar las "Antinomias" de Kant es aceptando que las contradicciones existen realmente, no sólo en el pensamiento sino también en el mundo real. Como idealista objetivo, Hegel rechazó el argumento del idealismo subjetivo de que la mente humana no es capaz de conocer el mundo real. Las formas de pensamiento han de reflejar el mundo objetivo de la manera más exacta posible. El proceso de conocimiento consiste en una penetración cada vez más profunda en dicha realidad, pasando de lo abstracto a lo concreto, de lo conocido a lo desconocido, de lo particular a lo universal. El método dialéctico del pensamiento había jugado un papel muy importante en la antigüedad, particularmente en los aforismos ingenuos pero brillantes de Heráclito, y también en los escritos de Aristóteles y otros. Fue abandonado en el medievo cuando la Iglesia transformó la lógica formal de Aristóteles en un dogma rígido y sin vida, y no reaparece hasta que Kant lo devuelve a un sitio de honor. No obstante, con Kant la dialéctica no recibió un desarrollo adecuado. Correspondió a Hegel llevar la ciencia del pensamiento dialéctico a su punto álgido.
La grandeza de Hegel se ve en el hecho de que él en solitario estaba dispuesto a retar a la filosofía dominante del mecanicismo. La filosofía dialéctica de Hegel trata de procesos, no de acontecimientos aislados. Trata de cosas vivas, no muertas, interrelacionadas, no aisladas una de otra. Esta es una manera increíblemente moderna y científica de interpretar el mundo. En muchos aspectos, Hegel estaba muy por delante de su época. Pero en última instancia, la filosofía hegeliana, pese a sus muchas intuiciones brillantes, era poco satisfactoria. Su principal defecto consistía precisamente en su idealismo, que le impidió aplicar el método dialéctico al mundo real de una forma científica consecuente. En vez del mundo de la materia, tenemos el mundo de la Idea Absoluta, donde las cosas reales, los procesos y las personas son sustituidos por sombras insustanciales. En palabras de Federico Engels, la dialéctica hegeliana fue el aborto más colosal de toda la historia de la filosofía. Aquí, las ideas correctas aparecen cabeza abajo. Para poner la dialéctica sobre cimientos firmes, era necesario poner a Hegel patas arriba para transformar la dialéctica idealista en materialismo dialéctico. Este fue el gran logro de Carlos Marx y Federico Engels. Nuestro estudio comienza con una breve descripción de las ideas básicas de la dialéctica materialista elaborada por ellos.
Toda la historia de la filosofía desde los griegos hasta el presente consiste en una lucha entre dos escuelas de pensamiento diametralmente opuestas —el materialismo y el idealismo—. Aquí nos encontramos con un buen ejemplo de cómo los términos empleados en la filosofía difieren fundamentalmente del lenguaje cotidiano. Cuando nos referimos a alguien como un "idealista" normalmente tenemos en mente a una persona de altos ideales y moralidad impecable. Por el contrario, se cree que un materialista es un individuo sin principios, avaricioso y egocéntrico que ostenta un exagerado apetito por manjares y otras cosas —en pocas palabras, un elemento harto indeseable—.
Esto no tiene nada que ver con el materialismo e idealismo filosóficos. En un sentido filosófico, el idealismo parte de una visión del mundo como un mero reflejo de ideas, mente, espíritu o, más correctamente, de la Idea, que existía antes del mundo físico. Las cosas materiales que conocemos mediante los sentidos, según esta escuela, son sólo copias imperfectas de esta Idea perfecta. El abogado más consecuente de esta filosofía en la antigüedad era Platón. No obstante, Platón no inventó el idealismo, que ya existía antes de él.
Los pitagóricos creían que la esencia de todas las cosas era el Número (una opinión aparentemente compartida por algunos matemáticos modernos) Mostraban un desprecio al mundo material en general y al cuerpo humano en particular, siendo visto este como una prisión en donde el alma estaba atrapada. La comparación entre esta visión y la de los monjes medievales resulta llamativa. De hecho, es probable que la Iglesia se apropiara de muchas de las ideas de los pitagóricos, platónicos y neoplatónicos. Esto no es sorprendente. Todas las religiones se basan necesariamente en una visión idealista del mundo. La diferencia reside en que la religión apela a las emociones y pretende ofrecer una comprensión intuitiva y mística del mundo ("la Revelación"), mientras que la mayoría de los filósofos idealistas intenta demostrar sus teorías mediante argumentos lógicos.
No obstante, en el fondo, las raíces de todo idealismo son religiosas y místicas. El desdén hacia el "crudo mundo material" y la elevación de lo "Ideal" nace del fenómeno que acabamos de considerar en relación a la religión. No es ningún accidente que el idealismo platónico surja en Atenas en un momento en que el sistema de la esclavitud alcanza su punto álgido. El trabajo manual en aquel entonces era visto en el sentido más literal de la palabra como el sello de la esclavitud. El único trabajo digno de respeto era el trabajo intelectual. En esencia, el idealismo filosófico es un producto de la división extrema entre el trabajo mental y manual que ha existido desde el amanecer de la historia escrita hasta el día de hoy.
Sin embargo, la historia de la filosofía occidental no empieza con el idealismo, sino con el materialismo, que afirma precisamente lo contrario: que el mundo material que conocemos y exploramos mediante la ciencia es real; que el único mundo real es el material; que los pensamientos, ideas y sensaciones son el producto de la materia organizada de una forma determinada (un sistema nervioso y un cerebro); que el pensamiento no puede derivar sus categorías a partir de sí mismo, sino sólo a partir del mundo objetivo que se nos da a conocer a través de nuestros sentidos.
Los primeros filósofos griegos se conocen como los "hilozoistas" (del griego "los que creen que la materia está viva"). He aquí una larga línea de héroes y pioneros del pensamiento humano. Los griegos descubrieron que el mundo era redondo mucho antes que Colón. Explicaron que los seres humanos habían evolucionado de los peces mucho antes que Darwin. Hicieron unos descubrimientos extraordinarios en el campo de las matemáticas, especialmente la geometría, que no avanzaron mucho en los siguientes 1.500 años. Inventaron la mecánica e, incluso, construyeron una máquina de vapor. Lo que es increíblemente nuevo en esta manera de interpretar el mundo es que no era religiosa. En contraste con los egipcios y babilonios, de quienes habían aprendido bastante, los pensadores griegos no recurren a los dioses y las diosas para explicar los fenómenos de la naturaleza. Por primera vez, el hombre intentó explicar el funcionamiento de la naturaleza puramente en términos de la naturaleza. Esta es una de las grandes revoluciones del pensamiento humano. La auténtica ciencia comienza aquí.
Aristóteles, el más grande de los filósofos de la antigüedad, puede ser considerado como materialista, aunque no era tan consecuente como los primeros hilozoistas. Hizo una serie de descubrimientos científicos importantes que formaron la base para los grandes logros de la ciencia griega del período alejandrino. La edad media, que surgió del colapso de la antigüedad, fue un desierto en el que el pensamiento científico languideció durante siglos. No por casualidad este fue un período dominado por la Iglesia. La única filosofía permitida fue el idealismo, fuese como una caricatura de Platón o como una distorsión peor todavía de Aristóteles.
La ciencia resurgió triunfante en el período del Renacimiento. Fue obligada a llevar a cabo una batalla feroz contra la influencia de la religión (por cierto, no sólo la católica, sino también la protestante). Muchos mártires pagaron con su vida el precio de la libertad científica. Giordano Bruno fue quemado vivo. La Inquisición juzgó a Galileo dos veces, obligándole a renunciar a sus opiniones bajo amenaza de tortura.
EMPIRISMO
La tendencia filosófica dominante del Renacimiento fue el materialismo. En Inglaterra, éste tomó la forma del empirismo, que afirma que todo conocimiento es derivado de los sentidos. Los pioneros de esta escuela eran Francis Bacon (1561-1626), Thomas Hobbes (1588-1679) y John Locke (1632-1704). La escuela materialista emigró de Inglaterra a Francia donde adquirió un contenido revolucionario. En manos de Diderot, Rousseau, Holbach y Helvetius, la filosofía se convirtió en un instrumento para criticar la sociedad existente en su conjunto. Estos grandes pensadores prepararon el camino del derrumbamiento revolucionario de la monarquía feudal en 1789-93.
Las nuevas opiniones filosóficas estimularon el desarrollo de la ciencia, el experimento y la observación. El siglo XVIII fue testigo de un gran avance en las ciencias, sobre todo la mecánica. Pero este hecho tenía no sólo un lado positivo sino también otro negativo. El viejo materialismo del siglo XVIII era estrecho y rígido, reflejando el desarrollo limitado de la propia ciencia. Newton expresó las limitaciones del empirismo con su célebre frase "yo no hago hipótesis". Esta postura mecanicista y unilateral al fin y al cabo resultó ser fatal para el viejo materialismo. Paradójicamente, son los filósofos idealistas los que realizan los grandes avances filosóficos después de 1700.
KANT
Bajo el impacto de la revolución francesa, el idealista alemán Immanuel Kant (1724-1804) sometió toda la filosofía previa a una crítica a fondo. Kant hizo grandes descubrimientos no sólo en la filosofía y la lógica, sino también en la ciencia. Su hipótesis nebular del origen del sistema solar (a la que Laplace más tarde da una base matemática) es ahora generalmente aceptada como correcta. En el terreno de la filosofía, la obra maestra de Kant, La crítica de la razón pura, es la primera que analiza las formas de la lógica que permanecían prácticamente sin cambiar desde que Aristóteles las desarrolló. Kant demuestra las contradicciones implícitas en muchas de las proposiciones más fundamentales de la filosofía. Sin embargo, no fue capaz de solucionar estas contradicciones ("Antinomias") y, finalmente, sacó la conclusión de que el verdadero conocimiento del mundo era imposible. Si bien podemos conocer las apariencias, nunca podremos saber cómo son las cosas "en sí mismas".
IDEALISMO SUBJETIVO
Esta idea no es nueva. Es un tema que se repite muchas veces en la filosofía y generalmente se identifica con lo que llamamos el idealismo subjetivo. Antes de Kant, esta idea fue defendida por el obispo irlandés y filósofo George Berkeley y por David Hume, el último de los empíricos ingleses clásicos. Se puede resumir el argumento de la siguiente manera: "Yo interpreto el mundo mediante mis sentidos. Por lo tanto, todo lo que sé que existe son las impresiones de mis sentidos. Por ejemplo, ¿puedo afirmar que esta manzana existe? No. Todo lo que puedo decir es que la veo, la siento, la huelo, la pruebo. Por lo tanto, realmente no puedo afirmar que el mundo material existe". La lógica del idealismo subjetivo es que, si cierro los ojos, el mundo deja de existir. En última instancia conduce al solipsismo (del latín, "solus ipse" para "yo sólo"), la idea de que tan sólo yo existo. Estas ideas nos pueden parecer absurdas, pero curiosamente han demostrado ser persistentes. De una manera u otra, los prejuicios del idealismo subjetivo han penetrado no sólo en la filosofía sino también en la ciencia durante una gran parte del siglo XX. Vamos a tratar más específicamente de esta tendencia más adelante.
HEGEL
La gran ruptura se produce en las primeras décadas del siglo XIX con Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831). Hegel era un idealista alemán, un hombre de un intelecto gigantesco, que prácticamente resume en sus escritos la totalidad de la historia de la filosofía. Hegel demuestra que la única manera de superar las "Antinomias" de Kant es aceptando que las contradicciones existen realmente, no sólo en el pensamiento sino también en el mundo real. Como idealista objetivo, Hegel rechazó el argumento del idealismo subjetivo de que la mente humana no es capaz de conocer el mundo real. Las formas de pensamiento han de reflejar el mundo objetivo de la manera más exacta posible. El proceso de conocimiento consiste en una penetración cada vez más profunda en dicha realidad, pasando de lo abstracto a lo concreto, de lo conocido a lo desconocido, de lo particular a lo universal. El método dialéctico del pensamiento había jugado un papel muy importante en la antigüedad, particularmente en los aforismos ingenuos pero brillantes de Heráclito, y también en los escritos de Aristóteles y otros. Fue abandonado en el medievo cuando la Iglesia transformó la lógica formal de Aristóteles en un dogma rígido y sin vida, y no reaparece hasta que Kant lo devuelve a un sitio de honor. No obstante, con Kant la dialéctica no recibió un desarrollo adecuado. Correspondió a Hegel llevar la ciencia del pensamiento dialéctico a su punto álgido.
La grandeza de Hegel se ve en el hecho de que él en solitario estaba dispuesto a retar a la filosofía dominante del mecanicismo. La filosofía dialéctica de Hegel trata de procesos, no de acontecimientos aislados. Trata de cosas vivas, no muertas, interrelacionadas, no aisladas una de otra. Esta es una manera increíblemente moderna y científica de interpretar el mundo. En muchos aspectos, Hegel estaba muy por delante de su época. Pero en última instancia, la filosofía hegeliana, pese a sus muchas intuiciones brillantes, era poco satisfactoria. Su principal defecto consistía precisamente en su idealismo, que le impidió aplicar el método dialéctico al mundo real de una forma científica consecuente. En vez del mundo de la materia, tenemos el mundo de la Idea Absoluta, donde las cosas reales, los procesos y las personas son sustituidos por sombras insustanciales. En palabras de Federico Engels, la dialéctica hegeliana fue el aborto más colosal de toda la historia de la filosofía. Aquí, las ideas correctas aparecen cabeza abajo. Para poner la dialéctica sobre cimientos firmes, era necesario poner a Hegel patas arriba para transformar la dialéctica idealista en materialismo dialéctico. Este fue el gran logro de Carlos Marx y Federico Engels. Nuestro estudio comienza con una breve descripción de las ideas básicas de la dialéctica materialista elaborada por ellos.
