En general, se comprende que cualquier empresa que merezca la pena en la vida requiere un esfuerzo. Por su propia naturaleza, el estudio de la filosofía implica ciertas dificultades porque trata de cosas muy alejadas del mundo de la experiencia normal. Incluso la terminología utilizada presenta dificultades debido a que se emplean palabras de una manera que no necesariamente corresponden al uso común. Pero esto mismo es verdad para cualquier materia especializada, desde el psicoanálisis hasta la mecánica.El segundo obstáculo es más grave. En el siglo pasado, cuando Marx y Engels publicaron por primera vez sus escritos sobre el materialismo dialéctico, podían dar por supuesto que muchos de sus lectores tenían por lo menos unos mínimos conocimientos de la filosofía clásica, incluido Hegel. Hoy en día no es posible hacer semejante suposición. La filosofía ya no ocupa el lugar del pasado, puesto que el papel de la especulación acerca de la naturaleza del universo y la vida hace tiempo que ha sido asumido por las ciencias naturales. La posesión de radiotelescopios potentes y naves espaciales vuelve innecesarias las conjeturas sobre la naturaleza y la extensión de nuestro sistema solar.
Incluso los misterios del alma humana se están poniendo paulatinamente al descubierto mediante el progreso de la neurobiología y la psicología.La situación en el terreno de las ciencias sociales es mucho menos satisfactoria, debido sobre todo a que el deseo de conseguir conocimientos exactos a menudo decrece en la medida en que la ciencia toca los intereses materiales poderosos que dominan las vidas de la gente. Los grandes avances realizados por Marx y Engels en el terreno del análisis sociohistórico y económico quedan fuera del ámbito de este libro. Baste con señalar que, a pesar de los ataques sostenidos y frecuentemente maliciosos a que estuvieron sometidas desde el primer momento, las teorías del marxismo en la esfera social han sido el factor decisivo en el desarrollo de las ciencias sociales modernas. En cuanto a su vitalidad, ésta está demostrada por el hecho de que los ataques no sólo continúan, sino que tienden a arreciar con el paso del tiempo.
