miércoles, octubre 24, 2007

Libro "razón y revolución" Consideraciones previas a abordar el materialismo dialéctico II: Formación de las religiones y del idealismo filosófico


LA RELIGIÓN

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La noción de que el alma existe separada y aparte del cuerpo viene directamente de los tiempos más remotos del salvajismo. El origen de esta idea es evidente: cuando dormimos, el alma parece abandonar el cuerpo y vagar en nuestros sueños. Por extensión, la similitud entre la muerte y el sueño sugiere la idea de que el alma podría seguir existiendo después de la muerte. Así fue como los humanos primitivos concluyeron que había algo dentro de ellos que estaba separado de sus cuerpos. Este es el alma, que manda sobre el cuerpo y puede hacer todo tipo de cosas increíbles, incluso cuando el cuerpo está dormido. También observaron cómo palabras llenas de sabiduría provenían de las bocas de los ancianos y concluyeron que, mientras que el cuerpo perece, el alma sigue viviendo. Para gente acostumbrada a la idea de la migración -como lo eran los primitivos- la muerte era vista como la migración del alma, la cual necesitaba comida y utensilios para el viaje.
La actitud de los humanos primitivos hacia sus dioses-espíritus y fetiches era bastante práctica. La intención de los rezos era obtener resultados. Un hombre haría una imagen con sus propias manos y se postraría ante ella. Pero si no conseguía el resultado deseado, la maldecía y la golpeaba, para obtener mediante la violencia lo que no consiguió con súplicas. En este mundo extraño de sueños y fantasmas, este mundo de religión, la mente primitiva veía cada acontecimiento como la obra de espíritus invisibles. Cada arbusto y riachuelo eran una criatura viviente, amistosa u hostil. Cada suceso fortuito, cada sueño, dolor o sensación, estaba causado por un espíritu. Las explicaciones religiosas llenaban el vacío que dejaba la falta de conocimiento de las leyes de la naturaleza. Incluso la muerte no era vista como un evento natural, sino como el resultado de alguna ofensa causada a los dioses.
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ORIGENES DE LA CIENCIA
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El dualismo que separa el alma del cuerpo, la mente de la materia, el pensamiento del hecho, recibió un fuerte impulso con el desarrollo de la división del trabajo en una etapa dada de la evolución social. La separación entre trabajo mental y manual es un fenómeno que coincide con la división de la sociedad en clases. Señaló un gran avance en el desarrollo humano. Por primera vez, una minoría de la sociedad fue liberada de la necesidad de trabajar para obtener los medios básicos de la existencia. La posesión de la mercancía más apreciada, el ocio, significó que los hombres podían dedicar sus vidas al estudio de las estrellas. Como el filósofo materialista alemán Ludwig Feuerbach explica, la ciencia teórica auténtica comienza con la cosmología:
"El animal es sólo sensible al rayo de luz, que inmediatamente afecta a la vida; mientras que el hombre percibe la luz, para él físicamente indiferente, de la estrella más remota. Tan sólo el hombre posee pasiones y alegrías desinteresadas y puramente intelectuales; sólo el ojo del hombre mantiene festivales teóricos. El ojo que contempla los cielos estrellados, que medita sobre aquella luz, al mismo tiempo inútil e inocua, no teniendo nada en común con la tierra y sus necesidades —este ojo ve en aquella luz su propia naturaleza, sus propios orígenes—. El ojo es celestial por su propia naturaleza. De aquí que el hombre (y la mujer!) se eleva por encima de la tierra sólo con el ojo; de aquí que la teoría comienza con la contemplación de los cielos. Los primeros filósofos eran astrónomos".
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PENSAMIENTO Y OCIO

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Aunque en esta etapa temprana esto todavía estaba mezclado con la religión y los requerimientos e intereses de una casta sacerdotal, también significó el nacimiento de la civilización humana. Aristóteles ya lo había entendido cuando escribió:
"Además, estas artes teóricas evolucionaron en lugares donde los hombres tenían un superávit de tiempo libre: por ejemplo, las matemáticas tienen su origen en Egipto, donde una casta sacerdotal gozaba del ocio necesario".
La posterior profundización de la división del trabajo hizo surgir un abismo insalvable entre la elite intelectual y la mayoría de la humanidad, condenada a trabajar con sus propias manos. El intelectual, sea sacerdote babilonio o físico teórico moderno, sólo conoce un tipo de trabajo, el trabajo mental. En el curso de milenios, la superioridad de este último sobre el trabajo manual "crudo" ha echado raíces profundas y ha adquirido la categoría de prejuicio. Lenguaje, palabras y pensamientos se han dotado de poderes místicos. La cultura se ha vuelto el monopolio de una elite privilegiada, que guarda celosamente sus secretos, usando y abusando de su posición en su propio interés.

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EJEMPLOS

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En la antigüedad, la aristocracia intelectual no hizo ningún intento de ocultar su desprecio por el trabajo físico. El siguiente extracto de un texto egipcio conocido como La sátira sobre los oficios, escrito alrededor del 2.000 a. de J. C., se supone que consiste en la exhortación de un padre a su hijo, al que quiere enviar a la Escuela de Escribanos para entrenarse como escriba:

"He visto cómo se maltrata al hombre que trabaja, deberías de poner tu corazón en la búsqueda de la escritura. He observado cómo uno podría ser rescatado de sus deberes, ¡presta oídos! no hay nada que supere a la escritura. He visto al metalúrgico trabajando en la boca del horno, sus dedos eran similares a cocodrilos; olía peor que una hueva de pescado. el pequeño constructor lleva barro: está más sucio que las viñas o los cerdos de tanto pisotear el barro, su ropa está tiesa de la arcilla. El fabricante de flechas, es muy infeliz cuando entra en el desierto, más grande es lo que da a su burro que lo que posteriormente vale su trabajo. El lavandero que lava ropa en la orilla del río es el vecino del cocodrilo. ¡Presta oídos! No hay ninguna profesión sin patrón, excepto para el escriba: él es el patrón.

La misma actitud prevalecía entre los griegos:

"Lo que se llama las artes mecánicas", dice Jenofonte, "lleva un estigma social y con razón son despreciadas en nuestras ciudades, puesto que estas artes dañan los cuerpos de los que trabajan en ellas o de los que actúan como capataces, condenándoles a una vida sedentaria de puertas adentro y, en algunos casos, a pasar todo el día al lado de la chimenea. Esta degeneración física asimismo da pie a un deterioro del alma. Además, los que trabajan en estos oficios simplemente no tienen tiempo para dedicarse a los oficios de la amistad o de la ciudadanía. Por consecuencia, son considerados como malos amigos y malos patriotas y, en algunas ciudades, sobre todo las más guerreras, no es legal que un ciudadano se dedique al trabajo manual"

El divorcio radical entre el trabajo mental y manual profundiza la ilusión de una existencia independiente de las ideas, los pensamientos y las palabras. Este concepto erróneo es el meollo de toda religión e idealismo filosófico. Los intentos más primitivos del hombre de explicar el mundo y su lugar en él estaban mezclados con la mitología. Los babilonios creían que el dios Marduk del Caos había creado el Orden, separando la tierra del agua, y el cielo de la tierra. Los judíos tomaron de los babilonios el mito bíblico de la Creación y más tarde lo transmitieron a la cultura cristiana. La auténtica historia del pensamiento científico empieza cuando el hombre aprende a prescindir de la mitología e intenta obtener una comprensión racional de la naturaleza, sin la intervención de los dioses. A raíz de este momento comienza la auténtica lucha por la emancipación de la humanidad de la esclavitud material y espiritual.

El advenimiento de la filosofía representa una auténtica revolución en el pensamiento humano. Esto, al igual que tantos otros elementos de la civilización moderna, se lo debemos a la Grecia antigua. Si bien es verdad que los indios y los chinos, y más tarde los árabes, también hicieron avances importantes, fueron los griegos quienes llevaron la filosofía y la ciencia a su punto álgido antes del Renacimiento. La historia del pensamiento griego en los 400 años desde mediados del siglo VII a. de J. C. constituye una de las páginas más imponentes en los anales de la historia humana.

Esto no es una elegía, ni es un romance ni un verso