
Detrás del mostrador y en calidad de vendedor
le mostraba al muchacho un perfecto pollo rostizado
el cual se distinguía por su inigualible color dorado
.
la venta estaba casi cerrada cuando en cierto momento
me ví sorprendido al reconocer entre mis manos
me ví sorprendido al reconocer entre mis manos
al ave que en vida supo dar magníficos huevos de oro
.
entonces, en un irracional y ahora inexplicable exabrupto
me abalancé sobre el manjar y me dispuse a brindarle
oxígeno con mi propio aliento
.
sin reparar que con esto no sólo perdía un cliente sinó también
una muy buena (y hasta entonces merecida) reputación
.
.
.
